Sal de tu zona de confort

Sal de tu zona de confort

Recientemente aprendí a esquiar. No tenía idea de cómo iba a ser esta nueva experiencia para mí.  Me imaginaba que iba a ser algo divertido porque es una actividad que se realiza al aire libre en la naturaleza, cosa que a mí me encanta.

El primer día que tome mi primera clase no sabía nada. Me enseñaron a ponerme las botas (que es casi casi como dar a luz a un bebé: empujar poco a poco hasta que por fin el pie entre en la bota), luego los esquís, luego las reglas básicas de seguridad para esquiar, qué hacer en caso de caída  y finalmente como levantarme y seguir adelante (cosa que es toda una aventura porque esas botas te hacen sentir como si fueras Neal Armstrong dando tus primeros pasos con unas botas de plomo sobre la superficie lunar).

Luego  aprendí a deslizarme poco a poco sobre la superficie casi plana llena de nieve en la cual se encontraba mi clase de principiantes, al costado de la montaña.  Mis primeros deslizamientos eran lentos y torpes, inestables e inseguros. Me aterrorizaba la idea de subir un poquito más al lado de la montaña donde la inclinación era un poco más pronunciada.

¿Cómo le haría para frenar? ¿Qué tal si me caía y me rompía un hueso o si chocaba con alguien y lo/la lastimaba?

Mil miedos pasaban por mi mente. Pero al mismo tiempo veía a otra gente que lo estaba haciendo muy bien. Frenaban y cambiaban de dirección con seguridad. Esquiaban sobre la nieva como si fueran un pez en el agua. Yo también quería aprender a hacer eso.

Entonces ese primer día practique y practique por horas hasta que por fin, después de varios intentos, caídas y varios sustos me sentí un poco más cómoda deslizándome sobre la nieve encontrando el punto de equilibrio ideal para mi cuerpo, cambiando de dirección y frenando.

El segundo día avance de nivel. Me llevaron a una parte un poco más elevada de la montaña. Cuando llegue ahí la primera vez y vi hacia abajo pensé: “ya valí” pero con muchísimo miedo empecé a deslizarme sobre la nieve otra vez, tratando de encontrar nuevamente ese punto ideal de balance en el que por fin me sentiría cómoda esquiando a esa altura. Otra vez después de horas y horas de práctica por fin lo logré y me sentí mucho mas cómoda deslizándome y dibujando eses “s” sobre la nieve cada vez que bajaba la montaña.

El tercer día fue el mejor. Como ya sabía frenar y deslizarme de un lado al otro, por fin mi clase y yo pudimos subir en la telesilla hasta la cima de la montaña para ahora si esquiar “de verdad” sobre las pistas con inclinaciones más leves.

¿Qué te puedo decir? Cuando llegué a la cima de la montaña los ojos y el corazón casi casi se me salen. Era una belleza increíble. Toda la superficie de la montaña estaba cubierta de una espesa capa de nieve blanca suave como terciopelo. El sol brillaba sobre el cielo azul claro inmaculado y sin ninguna nube.  Hermosos pinos altísimos  verdes y frondosos bordeaban la pista en ambos lados y al fondo, parecía que la pista se fundía junto con el lago de color azul zafiro y verde esmeralda cuyas aguas cristalinas resplandecían con los rayos del sol.
Slope

Aunque la inclinación de la pista era “leve” de todas formas era un nuevo reto para mí porque definitivamente la superficie era mucho más inclinada de lo que yo estaba acostumbrada.

Sin embargo, seguí adelante. Mis miedos seguían presentes, pero la recompensas de ver y estar en ese maravilloso y hermoso lugar, además de la satisfacción de haber aprendido una nueva habilidad, y presenciar el milagro que es  mi cuerpo y como se adaptaba y deslizaba suavemente sobre la nieve hizo que súper valiera la pena todo mi esfuerzo. Si le hubiera hecho caso a mis miedos jamás hubiera tenido la oportunidad de experimentar algo tan increíble.

Al reflexionar sobre esta experiencia me dí cuenta que el aprender a esquiar es una metáfora sobre todos los demás aspectos de mi vida.

Quise compartir esta historia contigo porque estoy segura de que tu también has estado en situaciones fuera de tu zona de confort en las que has experimentado miedo y has tenido que hacer un esfuerzo muy grande por seguir adelante, a pesar de las caídas, pero las recompensas al final del camino, han hecho que todo tu esfuerzo valiera la pena.

Esta historia se repite una y otra vez, en todos los aspectos de nuestras vidas: en nuestra espiritualidad, salud, relaciones con nuestra pareja, familiares, amigos y colegas,  en nuestra carrera/trabajo, finanzas, etc.

La vida es un constante reto que trae constantes recompensas si estas dispuesta a afrontar estos retos con determinación y perseverancia.

 Cualquiera que sean tus metas o tus intenciones, nunca te des por vencida.  Si te caes, levántate una y otra vez. Hazle de una manera y si no te funciona entonces de otra hasta que llegues a la cima de tus sueños y los veas hechos realidad. Te aseguro que el paisaje que verás una vez que alcances tus sueños, será mucho más satisfactorio de lo que te imaginaste que sería.

¡Comparte conmigo cuando tu también salgas de tu zona de confort y logres tus metas! ♥

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